sábado, 1 de diciembre de 2012

Todo final con su principio.

Este suspiro escolta la muerte de las palabras,
que por esta punta del tiempo comienza a recortar en la carrera, el principio del final.
Ya no importa hacerse viejo, ni pensar, porque ya no da tiempo ni a pensar.
Enredaderas de nervios, porque hoy es el primero
del último que precede a enero, pero del que nadie sabe si llegará,
o se quedará a medio camino sin cumplir los sueños, culpa de nuestro
hábito desenfrenado de anotar anhelos cuando ahora ya no da tiempo ni a parar.

Incertidumbre apocalíptica, ¿acaso algo más torturador y traicionero?,
si acaso la pausa de todo, otra forma de morir sin respirar.

No hay nada que más tema en esta vida, pero nada que mejor pueda desenfundar
los tiros de palabras en el duelo que supone andar sin saber cuándo dejará uno de andar.

Un momento antes de morir y después, el final.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Un momento, antes de morir...


Un momento, señor, antes de morir, y dígame cuál es su último deseo.

Tal vez ver a sus hijos, le veo dedicado entero en vida a su familia.
No. Pues siquiera fumarse uno de esos habanos que consumió en sus viajes y que en los últimos años -que más bien han sido más que los últimos- le ha impuesto prohibición terminante, como Dios en los mandamientos, su médico. Le veo materialista y orgulloso de su vida remachada en dorado.
Tampoco. Pues si he mencionado a Dios. Tal vez quiera verle o verlo. Tener una última mística inspiración divina. Piense que es su momento, y que en tal todo se le concedería. Así que pida, pida sin miedo al ridículo o lo improbable porque ahora puedo hasta escuchar los rezos suplicantes en sus pensamientos.
Nada. No pide nada. Tampoco desea nada.

Qué curioso, señor, que se quede sin palabras. Porque yo en su lugar...